domingo, mayo 25, 2014

Más de un año

Pasó un año desde la última publicación. Creo que un poco por fiaca de publicar y por fiaca de recuperar la cuenta de gmail que había perdido. Es domingo y está fresco aquí adentro, en casa. Es domingo, está fresco, hay flojera y también un par de textos para compartir.
 
 
Este dolerme el pecho
como rama sin árbol,
como globo sin aire,
como mano sin brazo.
Decime
qué se hizo de aquella infeliz
de rodillas sucias, manchadas
y vestido arrugado que jugaba
como un chango más
entre los changos del barrio.
No sé qué viento sopló
por este lado, no sé.
Pero sacudió todo y me trajo
a esta desconocida.
 
 
* * *
 
“La mujer a la que le duele la vida”
se para frente al estante
donde están las variedades
de yerba mate y medita.
Levanta un paquete, llena el carrito
y sale con un par de bolsas plásticas.
Camina las cuadras que la separan de su casa
y, cuando llega, guarda todo en su lugar
y pone la pava.
A “La mujer a la que le duele la vida”
le lastima tanta cotidianeidad,
por eso, sentada frente a su cuaderno
escribe con su bic negra:
“A la poeta le duele la aridez de la hoja
y el trazo hondo y negro
que marca su punto final.”
 
* * *
 
Ella se come su piel muerta
y pide perdón.
Una señorita no debe
andar con la vida a la miseria.
Y si la vida es una miseria, que no se note.
Pide perdón varias veces y escupe.
Confiesa que ha tenido pensamientos pecaminosos
con el vecino y la amiga
y que ha pensado en tomarse
las pastillas de mamá
junto con las de papá.
Pide perdón. La lista se engrosa
y muchas cosas se repiten.
Pide perdón, pide perdón.
Tiene curiosidad por saber
qué hay después pero no se anima
y también pide perdón por eso.
 
Textos de Entrepieles, ed. Tres Tercios, 2013.
 
 
 
 
 
 

 
 
 

martes, mayo 07, 2013


Egon Schiele
Los susurros de mi mujer pueden tapar

la marcha de los autos afuera.

Es más potente el sonido de su piel

rozando las sábanas,

transpirándolas, agitándolas.

Cuando no hay quién las mueva,

ella sueña, imagina otras sábanas,

otros días, otras noches y piensa

que sería cálido zambullirse

en un entrevero de brazos y piernas.

Sería como sacudir el mundo

y perturbar todas las siestas.

Este dolerme el pecho
como rama sin árbol,
como globo sin aire,
como mano sin brazo.

Decime
qué se hizo de aquella infeliz
de rodillas sucias, manchadas
y vestido arrugado que jugaba
como un chango más
entre los changos del barrio.

No sé qué viento sopló
por este lado, no sé.
Pero sacudió todo y me trajo
a esta desconocida.

martes, agosto 14, 2012

El matadero

 
1.
Las raíces de los árboles
enredadas en los cuellos de los animales.

2.
La tierra enardecida 
bajo la tela lúbrica.

3.
Las sábanas rosas
molidas bajo el peso 
de los cuerpos.

4.
El barro, la transpiración y la sangre
en la cocina de casa.


Una mano evoca a otra y a otra,

cambian los roles y se ratonean. 


Al final, luego de pajearse por la justicia,

terminan la jornada satisfechas.

De Chijra al centro hay un puente de distancia


Esquivo los compartidos,
cruzo la calle y camino sobre el río. 
En esos momentos nada es más certero 
que el olor a choripán 
en el otro extremo del puente 
y la voz de mi madre 
que ya en la mitad 
empieza a advertirme
sobre los peligros de comer 
sánguches de milanesa, hamburguesas 
y choris en la calle. 
También me advierte sobre otros peligros 
que hay aquí afuera
pero nunca recuerdo cuáles.